Una ventana a la Historia de Villamanrique

RINCONES DE LA HISTORIA DE VILLAMANRIQUE

Con la iglesia hemos dado, Sancho. (4ª y última parte).

Para terminar con esta aproximación a la Iglesia en el municipio de Villamanrique que venimos siguiendo desde hace tres meses, vamos a dedicar unas líneas a los párrocos que han pasado por él.
Sin incluir a los del siglo XX, conocemos el nombre de 18 sacerdotes que desempeñaron el puesto de párroco de Villamanrique; el más antiguo, el de Don Felipe Mendoza, cuyo nombre se encuentra en documentos entre 1742 y 1751, y el último,  antes del siglo XX, Don Eusebio Palomar, que llegó en 1896 y comenzó el siglo en el pueblo.


AÑOS

Cura párroco


AÑOS

Cura párroco

1742-51

Felipe Mendoza

1815

Ecónomo: Fray José de Jesús y María (exclaustrado).
Fray Pedro de San Antonio(exclaustrado)

1751

Manuel Alonso Melero

1817

Juan Cano

1756

José Martínez Criado

1819-39

Juan José Zavala Gasco.

1757-70

Juan Martínez de Brea

1841

Eusebio Matías Nieto

1786-92

Román Sánchez Mudarra

1849-79

Felipe García

1795

Antonio Ayuso

1890-92

Felipe Corral

1802

Manuel Guijarro

1894

Rufino García

1804-08

Isidro Sánchez Aguado y Barros

1896-1900

Eusebio Palomar

1813 y 1819

José Castellanos

 

 

Ecónomo es el nombre que da la institución eclesial al clérigo que administra los bienes de la diócesis bajo la autoridad del obispo, y que sirve un oficio eclesiástico cuando está vacante, o cuando, por razones legales, no puede desempeñarlo el propietario.
Entre 1808 y 1813 no debió de haber párroco en Villamanrique, ni consta que nadie  se hiciera cargo de la parroquia; no es extraño si se considera que fueron los años más difíciles de la Guerra de la  Independencia. En 1813 estuvo D. José Castellanos, hermano del  maestro y secretario del ayuntamiento D. Rafael Castellanos. La parroquia quedó de nuevo vacante en 1814-15, cuando hubieron de hacerse cargo de ella dos frailes exclaustrados del convento de Santa Cruz, Fray José de Jesús y María y Fray Pedro de San Antonio, que vivían en Villamanrique a causa de la supresión de su  convento, como otros muchos, por las reformas realizadas por el rey José Bonaparte.
No han sido incluidos en esta relación de 18 párrocos los capellanes de los condes ni dos sacerotes que vivieron de sus propiedades agrícolas en el pueblo y decían misa a título particular o se hacían cargo de sustituir al párroco en caso de ausencia o enfermedad; es el caso de Don Mauricio Martínez de las Eras y de Don Isidoro Bernaldo Mingo, quien durante algunos años tuvo que ejercer como ecónomo por haberse quedado ciego D. Felipe García; D. Isidoro también ocupó la plaza de maestro  varios meses.
De los 18 párrocos cuyos nombres conocemos, algunos estuvieron en Villamanrique poco más de un año, pero otros vinieron jóvenes y murieron aquí.  De entre éstos destacan Don Felipe García que estuvo al menos 30 años, pues aparece su nombre en documentos entre 1849 y 1879, y Don Juan José Zavala Gasco, cuyo nombre aparece entre 1819 y 1841.
Como ya he dicho, Don Felipe García llegó a quedarse ciego y hubo de ser sustituido varias ocasiones en sus tareas religiosas por don Isidoro Bernaldo, pero vivió una época de paz y cierta prosperidad en el pueblo. En cambio a Don Juan José Zavala le tocó vivir aquí algunos de los años más turbulentos y de escasez de la historia del pueblo y de la nación, pues llegó en plena crisis de la posguerra con los franceses; de la guerra de Independencia de las colonias americanas y las revueltas que dieron lugar al Trienio Liberal; además vivió aquí íntegramente la primera guerra carlista  (1833-40) que, como ya hemos visto en alguna ocasión, tuvo episodios muy violentos en Villamanrique y su comarca.
Los beneficios de la parroquia de Villamanrique eran muy reducidos, dada su corta población y que, al parecer, la Iglesia en la localidad no estaba dotada de bienes raíces. Recordemos que los informantes de las Relaciones Topográficas de Felipe II declaran para el capellán de los condes dos tierras pequeñas y un beneficio curado que, de tan escaso, el capellán andaba en pleitos con la señora. Estos mismos no declaran ni una sola propiedad de la parroquia, por lo que los párrocos debía mantenerse de los estipendios que cobraban a los feligreses por los actos religiosos, y del desempeño del cargo de diezmeros, ya que ellos percibían un porcentaje por participar, junto al escribano de la villa, en el ajuste de las cantidades que debía pagar cada agricultor y ganadero y de las que correspondían en el reparto al Arzobispado de Toledo y a los condes de Villamanrique.
Debe de ser por esta escasez de medios por la que Don Juan José Zavala, y otros curas posteriores a él, tenía un rebaño de ovejas que pastaba en los mismos terrenos de los demás ganaderos, pagando las cuotas correspondientes, según se desprende del expediente municipal para arrendar los pastos de invierno, correspondiente a 1819-20.
  Es precisamente de D. Juan José Zavala de quien tenemos más datos acerca de su vida en nuestro pueblo. Algunas de las noticias a él referidas que nos han llegado son simples anécdotas, pero otras nos informan acerca de la difícil situación que le tocó vivir en el pueblo.
Como una simple anécdota hemos de recoger un documento del archivo municipal fechado en 1831 sin día ni mes. Es un memorial de suyo dirigido al alcalde, Pedro José García, en el que D. Juan José se presenta como “mayordomo interino de los caudales y rentas de la fábrica” de la iglesia, y que dice: “Consta a Vuesa Merced como público y notorio que apareció cascada la campana mayor de esta iglesia el día 31 del próximo pasado mes de octubre, la misma que fue tañida el día anterior domingo para convocar al pueblo a la misa mayor, sin que persona alguna advirtiera esa tal desgraciada lesión, ni en su sonido y menos a la vista; y así en obsequio de la recta administración de justicia se hace indispensable se me administre por V. M. sea prueba el de testigo o testigos que me sean fáciles presentar, pues es constante el abuso que en este pueblo se observa por algunas personas en divertirse tirando piedras a la torre campanario y tejados de la iglesia, cuyo desorden tengo obligación a corregir… por todo lo cual. Suplico: se sirva decretar se me admita la justificación que solicito y así como certificar V. M. de su puño bajo de su firma en unión del secretario del ayuntamiento, cómo en el día tres del corriente por mandato de V. M. estuvo en la Real cárcel pública de esta villa Eusebio Sáez, hijo de Bonifacio Sáez de esta vecindad, por haberle hallado tirando piedras al campanario. Y así determinen a dicha justificación se me entregue original a los fines que más me convengan por ser todo de justicia…”.
D. Juan José Zavala, como párroco de Villamanrique, tuvo que ejercer la función de recolector de diezmos; su trabajo consistía en visitar las eras y los lagares y rebaños para conocer de primera mano la producción de cada año; luego recibía de los propietarios la décima parte de sus beneficios y, una vez almacenado el grano, el dinero de la uva y aceituna y de la lana, tenía que hacer tres partes, en colaboración con el escribano del Ayuntamiento, dos de las cuales eran para los condes y la tercera para el Arzobispado de Toledo, de aquí que se le denomine “tercero” en algún documento.
Sobre esta tarea del párroco Zavala tenemos tres documentos, separados entre si once años. El primero es una declaración firmada por él en la que constan entre otras cosas: "que el año pasado de 1827, en el cual era alcalde por S. M. (que Dios guíe) Francisco Barón, como fiel tercero nombrado por el tribunal de contaduría mayor de rentas decimales de la ciudad de Toledo para la recaudación de la tercera parte de diezmos pertenecientes en el término de esta Villa a la dignidad arzobispal y demás señores partícipes de la mencionada ciudad, requerí al dicho alcalde con la instrucción y reales leyes estampadas en ella, según se me mandó por el expresado tribunal para su inteligencia y cumplimiento y para que le hiciese cumplir y observar en todas sus partes, a lo que se obligó legal, lisa y llanamente, y sin embargo despreciando mis quejas sin admitir la de la denuncia que le hice negándose a prestarme el auxilio de la  real jurisdicción, permitió que todos los vecinos labradores entrojasen [guardasen en cámaras o trojes] sus cosechas y granos a las horas que les acomodó, tanto de día como de noche, sin avisar a los perceptores de los diezmos con total inobservancia de lo prevenido por dichas reales órdenes, y así se ha continuado desde el expresado año hasta éste de la fecha...".
Once años después, y pese a estar en la primera guerra carlista, la situación de entrega de grano se había normalizado, así otro documento fechado el 4 de noviembre de 1838, contiene un bando del colector de diezmos de Villamanrique para anunciar: “El señor administrador general de rentas decimales del departamento de Ocaña, por su orden del 24 de octubre último, recibida en el correo de ayer, participa a esta administración subalterna hallarse competentemente autorizado para la venta del diezmo de la uva de esta villa, la que ha de tener lugar por ajuste avisado. Lo que se anuncia al público para que si a alguno le acomoda comparezca en dicha administración general…”. Va firmada por “el colector, Juan José Zavala”.
El 10 de agosto de ese mismo 1838, en el año más duro de la guerra carlista en Villamanrique por el merodeo de la facción carlista del general Cabrera por la zona (llegó a establecer su cuartel general en Fuentidueña, donde estuvo presente el pretendiente a la corona D. Carlos), D. Juan José Zavala hubo de intervenir para proteger el grano recaudado como parte del diezmo que le correspondía al Arzobispado, del cual era el único representante en el pueblo. En un oficio dirigido al alcalde de la localidad, D. Juan José, como párroco y “Administrador subalterno decimal de Villamanrique” expresa lo siguiente: “A consecuencia de las últimas incursiones de la facción en este pueblo se me han exigido las llaves del pósito, panera que como a usted consta en cumplimiento de órdenes superiores he determinado sirva de granero de esta tercia decimal de mi encargo; y como en lo sucesivo pueden reproducirse aquellas debo manifestar a V. que luego que haya granos en la citada panera no verificaré la entrega de sus llaves; por lo que es preciso se sirva decirme si destino algún otro local para fuerte, para si no, dando el competente aviso al administrador general del ramo, me autorice para depositarlos en mis propias cámaras, que como usted comprende me resulta más cómodo…”.
Un trago amargo fue para D. Juan José la agresión sufrida por él y su hermana de la que ha quedado constancia, aunque desconocemos la causa y las consecuencias de las lesiones. Un documento fechado el 26 de mayo de 1828, es un certificado del alcalde Alfonso de la Plaza a nombre del secretario Manuel Barriopedro, para la conducción de un preso llamado Santiago Serrano a la cárcel de Madrid, por los siguientes motivos: "Hago saber que en este juzgado se principió causa criminal contra Santiago Serrano y Nicolás Pablos, vecinos de Fuentidueña le Tajo, por las heridas causadas al señor cura párroco de ésta villa, D. Juan José Zavala Gasco y su hermana doña Josefa Aguilar, la noche del 15 de diciembre de 1827, cuya causa se ha seguido en virtud de comisión de S. A. la Sala de Señores Alcaldes de Real Casa y Corte, en el juzgado mayor de la villa de Estremera, y en el día de ayer he recibido un oficio de su alcalde mayor, fechado 24 del corriente, acompañando certificación de una orden de S. A. de fecha 23 de este mes en la que inserta su superior auto que recayó en la causa en el día 22 por el que se manda que el Santiago Serrano sea trasladado a la real cárcel de corte con la competente seguridad y sin tocar el lugar sagrado…, y para qué la traslación se haga como corresponde por mi auto de hoy he comisionado a José Manuel Barriopedro, escribano de éste ayuntamiento y actuario del presente, y he dispuesto liberar el presente a sus mercedes a fin de que le faciliten sus reales cárceles y demás prisiones tanto en los pueblos donde pernocten como en donde haya que hacer algún descanso, y caso de fuga, a más de la escolta que lleva, le faciliten los auxilios de fuerza armada y demás que necesite...". A continuación figura una nota de Aranjuez, fechada el 27 de mayo, donde estuvo pernoctando en la cárcel, y otra nota de haber entregado el preso en la real cárcel de corte el día 28 de mayo a las cinco de la tarde.

imagen1Mucho más difícil debió de ser la situación de D. Juan José durante la primera Guerra Carlista (1833-1870). El carlismo había arraigado fundamentalmente en territorios de la España peninsular que habían sido maltratados administrativamente por el centralismo borbónico: Galicia, País Vasco-navarro, Cataluña y Valencia. Ideológicamente, el carlismo, se apoyaba en un integrismo católico, antiliberal, en el que el clero jugaba un papel protagonista. Don Juan José Zavala Gasco era sacerdote y, por los apellidos, debía de ser vasco o navarro; tenía los ingredientes básicos para ser carlista, sin embargo fue un fiel y útil colaborador, en momentos muy difíciles, del Ayuntamiento de Villamanrique, que era liberal y, por consiguiente, partidario de la reina Cristina y su hija Isabel II, quienes disputaban el trono de España a D. Carlos María Isidro, líder del carlismo. D. Juan José colaboró con el pueblo de Villamanrique  tanto en lo espiritual como en lo político.
Un documento fechado el 24 de julio de 1834, cuando aún la guerra no afectaba mucho a Villamanrique, es una carta suya dirigida al alcalde de la localidad, por la que comunica al ayuntamiento lo siguiente: “He resuelto hacer tres días rogativas públicas implorando la misericordia del Señor en las necesidades que afligen a este pueblo y a muchos de la Península, lo que comunico a Vds. para si les es posible hagan el favor de asistir”.
Peor situación se presentó en 1837-39, cuando las tropas carlistas del General Cabrera intentaron tomar Madrid; lo hicieron desde su territorio inexpugnable del Maestrazgo, entre Castellón y Teruel, desplazándose por la cuenca alta del río Tajo hasta Fuentidueña, con el fin de cortar la carretera de Valencia y por ella llegar a Madrid. Ante esa situación de acoso, los alcaldes liberales de la zona tenían la orden de abandonar sus pueblos y concentrarse en poblaciones mayores para organizar la resistencia; en el caso de Villamanrique, los miembros de Ayuntamiento tuvieron que desplazarse a Villarejo de Salvanés y dejar como representantes del poder político una junta de gobierno presidida por D. Juan José Zavala
La noche del 10 de septiembre de 1837 el pretendiente D. Carlos, en su ruta hacia Madrid, se encontraba en Fuentidueña, donde se presentaron ante Cabrera varios vecinos de Villamanrique que se unieron a los facciosos, entre ellos Fructuoso Robleño, José Orcajada y Benigno Gavaldón, según declaración del propio Robleño cuando se entregó al final de la guerra el 14 de octubre de 1839.


imagen2Unos días antes de la llegada de D. Carlos a Fuentidueña, el Ayuntamiento de Villamanrique, ante el hostigamiento de las tropas de Cabrera, decidió poner en práctica las medidas de seguridad decretadas por el gobierno. Así el 7 de septiembre de 1837, procedieron a abandonar la localidad y a efectuar el “Nombramiento de la junta gubernativa”. En el acuerdo inicial consta: “Que teniendo noticias por varios conductos que las facciones reunidas del pretendiente Cabrera y demás andan por los pueblos de la Mancha inmediatos a Cuenca, y que se dice se dirigen hacia el Tajo, por si esto se realizara y este ayuntamiento tiene que retirarse con la Milicia Nacional a reunirse en un punto seguro, en cumplimiento de las superiores órdenes comunicadas al efecto, debían acordar y acordaron sus Mercedes nombrar una junta gubernativa para qué ínterin su ausencia dirijan esta población y traten de conservar la tranquilidad y buen orden entre sus habitantes, y dando cuentas de cuanto ocurra al juzgado de primera instancia de Chinchón sobre si se aproxima la facción a este pueblo, y todo lo demás que convenga al mejor servicio nacional; en su virtud nombraron a los señores Don Juan José Zavala Gasco, cura párroco, D. Mauricio Martínez de las Heras, presbítero, don Lorenzo Vara y Soria, Antonino de la Plaza, y Juan de Cuenca, lo que se hará saber para su inteligencia, refiriendo el correspondiente recado atento a los señores eclesiásticos, encargando a todos la más estrecha responsabilidad…”.
La situación, ya menos grave, se repitió el 18 de enero de 1839; una “providencia” del ayuntamiento dispone: “Que con motivo de lo ocurrido en el término de la villa de Fuentidueña y sitio de la dehesa Alharilla en la tarde del día cuatro del corriente, estando abatiendo dicha dehesa varios vecinos de aquella se presentaron 15 facciosos [carlistas] a caballo y se los llevaron a todos o a la mayor parte; por si pudiese ocurrir en esta villa una sorpresa por dicha gente, creen sus Mercedes ser su deber nombrar una junta por vice de interin compuesta de varios vecinos que puedan auxiliar al Ayuntamiento y que puedan tener algún prestigio en el pueblo con el fin de conservar en buen orden y tranquilidad pública y obviar los males que en tales casos puedan suceder. En su consecuencia nombraban y nombraron sus Mercedes al Sr. Don Juan José Zavala Gasco, cura párroco, Don Mauricio Martínez de las Heras, presbítero, Antonino de la Plaza, Ignacio González, Ramón Villar, Luís Otreros, Juan de Cuenca y Pedro José García, para que todos, al menor motivo que amenace la tranquilidad pública o se tenga noticia de aproximación de gente enemiga, se personen todos en las salas capitulares al fin indicado, y bajo toda responsabilidad si no cumpliesen con lo acordado anteriormente; en concepto que dicha reunión sólo tendrá por objeto acordar entre el ayuntamiento y la junta las medidas más convenientes a evitar los daños que puedan ocurrir en cualquiera de los casos indicados, haciendo saber esta determinación por medio del infrascrito secretario de ayuntamiento, firmando de quedar enterados”. A continuación se encuentra la diligencia de notificaciones de los expresados nombramientos, fueron aceptados “ofreciendo cumplir en todo lo que esté a sus alcances”.
Por último, un documento fechado el 21 de abril de 1839 contiene un “Nombramiento de junta gubernativa” ante la presencia en la zona de carlistas; dice así: “Que habiendo tenido noticias sus Mercedes por los partes que se han recibido de que una facción se haya en Huete, y por si se aproxima, tener que retirarse este ayuntamiento, en cumplimiento de las superiores órdenes comunicadas sobre el particular, debían acordar y acordaron se nombre una Junta Gubernativa que dirija los asuntos de esta villa ínterin dure de la ausencia de esta corporación, tanto si sucede en el día como en lo sucesivo por igual causa. Y en su virtud nombraban y nombraron por vocales de dicha Junta a Antonino de la Plaza, Juan de Cuenca, Ignacio González, Juan Antonio Manzanares y Miguel García de esta vecindad, como personas que tienen responsabilidad, y al mismo tiempo de carácter pacífico, y suficiencia para poder dirigir cuantos asuntos puedan ocurrir, y hacerse conserve el buen orden y tranquilidad pública; pudiéndose valer para uno y otro de las demás personas que por su carácter y demás circunstancias puedan auxiliar a dicha junta, pues para todo se les concede por este Ayuntamiento las facultades necesarias. Y sin perjuicio de las facultades que se le confiere a dicha junta, se nombran como auxiliares de ella a Don Juan José Zavala Gasco, cura párroco, Don Mauricio Martínez de las Heras, Ramón Villar, Manuel de la Plaza mayor, Agustín Barón, Pedro José García, Raimundo Casalta, Manuel García, Sebastián Martínez y Pedro Quílez, cuyo nombramiento de junta se les hará saber para su inteligencia y aceptación, y que al mismo tiempo se enteren las personas nombradas como auxiliares para que puedan valerse de las mismas a los fines indicados, y de las demás que crean convenientes aun cuando no se nombren en esta providencia…”. A continuación se encuentra la diligencia de notificación y aceptación, en la que consta la aceptación de todos ellos.
Don Juan José Zavala murió en el pueblo y fue enterrado en el antiguo cementerio, situado junto a la iglesia, donde hoy se encuentra el salón parroquial. Muchos de los naturales de Villamanrique hemos oído a nuestros antepasados contar que un cura párroco que estuvo muchos años en el pueblo pidió ser enterrado en la puerta de aquel cementerio, para ser pisado por todos los que entraran en él; también dispuso que como única señal le pusieran una teja sobre la cabeza. Aunque no hay seguridad de quién fue ese cura, yo me inclino, por su trayectoria biográfica, a pensar en D. Juan José Zavala.

 

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por Fernando Cana Garcia
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